martes, 15 de abril de 2014




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Un amor más allá del amor 

por encima del rito del vínculo, 

más allá del juego siniestro 

de la soledad y la compañía. 



Un amor que no necesite regreso, 

pero tampoco partida. 

Un amor no sometido 

a los fogonazos de ir y de volver, 

de estar despiertos o dormidos, 

de llamar o callar. 



Un amor para estar juntos 

o para no estarlo, 

pero también para todas las posiciones intermedias. 



Un amor como abrir los ojos. 

Y quizás también como cerrarlos.

Roberto Juarroz