martes, 28 de enero de 2014
Tenías la voz oscura, alargada en un canturreo. Cierto, dije, la originalidad. Me mirabas. Que la originalidad se la regalo a los que no tienen otra cosa. Dijiste que no era para tanto y dejaste de sonreír. Después no sé. Una de esas conversaciones caóticas y disparatadas que son como tanteos o señales luminosas emitidas en la oscuridad por dos que se buscan, cuando uno ya siente que se orienta hacia el otro, que se aproxima hacia el centro de la otra incógnita, una especie de juego en que la carta mágica puede aparecer en cualquier momento y hay que estar muy alerta. Una palabra aparentemente casual o un gesto imperceptible, pequeños datos que luego se utilizarán para insistir en esa dirección o para cambiar de rumbo.
(Fragmento Cap I, Primera Parte, Crónica de un iniciado, Abelardo Castillo)
La trama y el desenlace
Dos paseantes distraídos han conseguido que el reloj de arena de la pena pare, que se despedace. Y así seguir que el rumbo que el viento trace. Ir y venir, seguir y guiar, dar y tener, entrar y salir de fase.
Amar la trama más que al desenlace.
Piano de Solo, Nicarra Panor
Ya que la vida del hombre no es sino una acción a distancia,
Un poco de espuma que brilla en el interior de un vaso;
Ya que los árboles no son sino muebles que se agitan:
No son sino sillas y mesas en movimiento perpetuo;
Ya que nosotros mismos no somos más que seres
(Como el Dios mismo no es otra cosa que Dios)
Ya que no hablamos para ser escuchados
Sino para que los demás hablen
Y el eco es anterior a las voces que lo producen;
Ya que ni siquiera tenemos el consuelo de un caos
En el jardín que bosteza y que llena de aire,
Un rompecabezas que es preciso resolver antes de morir
Para poder resucitar después tranquilamente
Cuando se ha usado en exceso de la mujer;
Ya que también existe un cielo en el infierno,
Dejad que yo también haga algunas cosas:
Yo quiero hacer un ruido con los pies
Y quiero que mi alma encuentre su cuerpo.
jueves, 9 de enero de 2014
Ni párrafos ni sangrías ni correcta puntuación. De cuando escribía sobre vos.
Ninguno de los dos simpatiza con tachar lo que no corresponda sacar número batir antes de servir cortar sobre la línea de puntos dormir de noche esperar a ser llamados. Simpatizo, si, con el deseo de compartir más noches sentados en algún banco por Boulevard Oroño con el pasar de mujeres que caminan durante cuadras resguardándose del revoloteo de los murciélagos con sus maletines o carteras, de ciclistas que sólo cantan a los gritos por la noche cuando nadie los ve, de algún perro que sacó a pasear a su dueño por que le vio cara de querer escapar de su casa. Mucho me gustaría poder estar, no ser ausente, regalarte hojas en otoño besos azules todo antes de que cruces el umbral de la puerta de mi casa. Debe ser un loco orden secreto que vino de otros mundos que te puso ahí ahí donde no pensé jamás que te cruzaría. Te quiero enseñar a caminar mirando únicamente para arriba viendo como el sol se filtra en la hojas de los árboles a mirar películas a las 9 de la mañana a creer en el frío de Julio como en pocas cosas. Debe ser que una vez me miraste con cara de niño admirando, miedoso, una grúa gigante y me encuentro con que te digo que me voy que el azar nos mezcló me puso una bala en la sien con un beso tuyo y que no, no habrá cotidianeidad para nosotros, aunque mi deseo de dormir todas las siestas con vos, sea más fuerte. Siestas que serán en el suelo, y si no te gusta verme en el suelo entonces será en una cama abierta al infinito, te quiero despeinar las cejas, enroscar mis piernas largas en las tuyas, ver cuando te estás por dormir y pasas tu lengua por tus labios; mientras suenen los nocturnos de Chopin y tengamos a mano una ventana llena de estrellas aunque sea de tarde. Vení, deja tu mano en la mía un rato largo, sentémonos a esperar la noche festejarla entre humos y miradas, esos ojos tuyos parecieran acoger un universo adentro y que me quiero tirar a nadar en ellos muchos lunes muchos domingos calurosos en los que no hay ni una sombra ni una cerveza fría ni un disco de Gustavo para viajar al fresco alivio en este denso verano en la ciudad. Tendré mis espacios llenos de ganas de compartirlos con vos, y al mismo tiempo tendré una distancia llena de kilómetros, y pienso vaciarlos sobre algún arroyo desde un puente sostenido por una fuerza invisible que se debilita cada vez que me acuerdo de los lunares de tu cara. Se que los voy a recordar con frecuencia cuando vos no me recuerdes a mí. Ya estoy envidiando a quien se apropie de ellos en mi lugar.
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