domingo, 14 de abril de 2013



Desde luego, señores, la razón es algo excelente: de esto no hay duda. Pero la razón es la razón, y satisface solo a la facultad razonadora del hombre. En cambio, el deseo es la verdadera expresión de la vida humana en su totalidad, sin excluir a la razón ni a los escrúpulos; y aunque la vida pueda tener algunas veces un aspecto cruel, no por eso deja de ser vida, una realidad mudable y no la extracción de una raíz cuadrada.

Yo quiero vivir satisfaciendo todas mis facultades vitales y no sólo mi facultad de razonar, que no representa, en suma, si no una parte de las fuerzas que hay en mí. ¿Qué sabe la razón? Solo lo que sabe (y sabrá más, seguramente. Esto no es un consuelo, pero no hay por qué no decirlo). En cambio, la naturaleza humana obra con todo su contenido, por decirlo de algún modo, a veces con plena conciencia y a veces inconscientemente. Comete algunos errores, pero vive.

(...) Pero les repito por centésima vez que hay una excepción; algunos hombres desean lo que saben que es desfavorable para ellos, lo que les parece estúpido e insensato; hombres que prefieren eludir la obligación de elegir lo provechoso, lo digno. Por que esa locura, ese capricho, es quizá, señores, una enorme ventaja, sobre todo en ciertos casos. Incluso creo que esta ventaja es superior a todas las otras, aunque nos perjudique y contradiga las conclusiones más evidentes de nuestra razón. Y es que nos conserva lo más importante, lo que más queremos: nuestra personalidad.



Memorias del Subsuelo, 1864
Fiódor Dostoyevski