domingo, 9 de agosto de 2009

PorqueSí.

Que pereza me da existir. Tratar, intentar, esforzarse en ser algo. Alguien.

Hay días en que no quisiera tener forma. Que no quisiera ser tangible, física, palpable, visible.
Hay días en los que existir significa esforzarse en ser algo que no querés ser.

Sonreír cuando no tienes ni la más miserable gana, caminar cuando no tenes fuerzas, hablar de algo cuando por tu mente no queres que pase nada de nada.

Pensar agota. Me fatiga. Que los pensamientos, las meditaciones, las ideas, las imágenes del pasado se filtren por los recovecos de mi cerebro. Como mirar una película muy mala por obligación.

Hay días en que no quiero sonreír pero tampoco llorar. De esos en que no querés hablar pero no es que estés enojada o algo similar. En que no querés estar acá pero tampoco allá.

Hay días en que ser invisible es una ventaja. No existir para nadie. No ser parte de nada. Diluirse. Borrarse. Desaparecer.

Dejar de existir no es tan romántico como suicidarse. No querer ser es algo más práctico que tomar 40 pastillas con whisky. O cortarse las venas con una gillette. O meter la cabeza en el horno.

Dejar de ser es algo más complicado que tirarse desde el décimo piso de un edificio, o tirarte abajo de un camión.

Dejar de ser es pausar algo que está en movimiento. Es no soportar que el mundo siga girando, siga respirando, siga dando vueltas insensatas que no paran, que nunca paran. Es ese movimiento, esa luz, esa vida la que abruma. Tanto.

Dejar de existir es pararse a mirar el mundo en movimiento y que no importe que uno se quede atrás, relegado por esa máquina que no para de girar sin interés en que uno esté subido en esta o no.

Y porque Sí, vuelven los días grises. Y porque Sí, hoy quiero 'No ser'.

Ah, y feliz día del niño.