lunes, 6 de julio de 2009

Llora llora, la llorona -.-

Lloré dos días seguidos. Cómo hacía tanto tanto que esto no pasaba, lo tomé como algo rarrro.
Hiciera lo que hiciera, me sentara en la pc y lloraba, me pusiera a leer y perdiera la concentración y lloraba, me tirara en el sofá bien tarde a ver television, hasta que me adormecían los programas aburridos que pasan a las 12 de la noche. Finalmente apagaba el aparato, me acomodaba en mi cama, me tapaba con todas las cosas que llevo puestas encima de las sábanas, y cinco minutos después empezaba a llorar.
Nada podía parar ese llanto. Era impredecible y no sabía bien porque venía. Las lágrimas corrían, junto con un ..jadeo que podía ser confundido con una risa anormal, mi casa arrugada, mi nariz roja roja, y mis ojos chiquitos. Todo al mismo tiempo, y yo sin explicarme porque mierda se producía ese fenómeno, tan denso y amargo. No es que haya estado bien, feliz y contenta, y de la nada me hubiese puesto a llorar como una maricona. Como la verdadera maricona que soy.
Habían sido unos días tristes, Supongo que X situaciones anteriores desataron un sentimiento terrible en mi, (aunque intenté bloquearlo durante un buen rato, para que mi mamá no se preocupe por mi y no vaya a hacerme la preguntita de, ¿por qué llorás? -.-)
Me puse a llorar por eso supongo, pero la siguiente noche, ya mas tranquila y fuera de todo el drama que realice en mi mente, hice el mismo ritual de siempre. Me metí en la cama y traté de dormir. Igual, mientras escuchaba música para no pensar, el nudo en la garganta volvió y las lagrimas empezaron a brotar y nueeevamente empezó el llanto, la tristeza, la conmiseración.
Hoy me di cuenta de algo esencial. Que cada vez que me guardo de decir algo o sentir algo, mi cuerpo reacciona. Me dice, con ese llanto repentino sin sentido, que necesita "desaguar" por algún lado, necesita sacar esa mala energía. Yo que siempre me había creído fuerte por aguantar ciertos golpes con firmeza, ahora entiendo que guardarse algo es de lo peor. Aunque también se que se manifiesta en diferentes lugares del cuerpo.
Siempre me guardo todo. Lo que me da alegría y lo que me da la más grande de las tristezas. Soy como una caja envuelta en miles de papeles de regalo, interminables. Me escondo todo el tiempo. No se si soy fuerte por no decir lo que siento. No se si guardarme cosas me ayuda realmente.
Lloré dos días seguidos.
Cuando terminaba de llorar sentía un alivio enorme y no tardaba en cerrar los ojos, quedarme dormida, como si con el llanto todos mis problemas, todas mis preocupaciones se hubieran diluido.