viernes, 25 de septiembre de 2015

Hace Cuarenta y Tres

(6 agosto 1960 - Diarios Pizarnik)



Cuando era más chica, despertaba llorando y era feliz por la noche. Ahora es lo contrario. A las seis de la tarde —hora fatal para las solitarias— muero y remuero. Me transformo en una bestia encerrada, impotente en su enorme fuerza inútil. ¿Es esto la adultez?, pregunto. ¿Ser una persona grande es odiar la niebla y la oscuridad? La vida es demasiado larga, creo, siento. No es larga cuando hay muchas cosas que hacer. Pero cuando no se hace nada o se espera todo, que es lo mismo, entonces la vida es larga. Pero yo me veo forzada a pensar en la vida. Desde hace muchos años, desde que me di cuenta que sufría demasiado tuve que pensar en mi vida. Y entonces pensé en mi vida:


-Tienes que salir de esta situación.


-No sé cómo.


-Tú crees que estás sufriendo para algo, para alguien. Aún no sabes que no hay a quién demostrar que se sufre.


-Pero yo debo sufrir. Es como si debiera vengarme.


-Tienes que salir. Ve a un museo, ve a pasear, usa tus ojos, no los guardes, ya es hora de que los uses.


-Quiero que me cosan los párpados, así sabré que no veo no porque no quiero sino porque no puedo.


-Debes salir. Tienes que usar de tu ternura. No puedes dejarla sepultada en tu espera.


-Tengo miedo de salir.


-Todos tienen miedo.


-Pero yo más, porque nunca he salido y los otros ya han salido y tengo que hacer un esfuerzo muy duro cuando estoy con alguien para fingir que yo también he salido. Y no es verdad. Jamás he visto nada ni ido a ninguna parte.


-Tienes que salir y ver a la gente.


-Tengo miedo de la gente. Siento que engaño a la gente. Que la engaña mi cara, mi voz, mi cuerpo. Es un esfuerzo muy duro hablar: como si yo también tuviera una vida propia, como si también a mí me pasaran cosas, es un esfuerzo muy duro ocultar mi sorpresa por estar afuera, hablando.


-Tienes que salir.


-Sí. Voy a salir. Quiero vivir como todos.


-No. No es verdad.


-Sí. No es verdad. No quiero vivir como todos. No puedo creer que yo también entraré en la vida de ellos y yo también haré lo que hacen ellos.


-Te crees distinta.


-Es verdad. No puedo creer que mi vida será como la de ellos. No sé nada, lo ignoro todo, pero no puedo creer que lo que hacen ellos es la vida. Mi vida no será como la de ellos.


-Si no sales tu vida no será nunca nada. Será como ahora. Una espera vacía.


-No sé adónde ir. Todo es provisorio. La gente es provisoria. Son seres que están en tanto no aparezcan los otros, los verdaderos.


-Quieres decir los que no existen, los que habitan tu delirio.


-No puedo ser amiga de la gente, la gente no es mágica, no tiene halo, es como la necesidad de comer y de orinar y de bañarse. Yo quiero que la gente sea del color de mis sueños. Quiero que la gente sea mágica.


-Tienes que salir y ver a la gente.


-Pero tienen mal gusto, como un remedio para la tos. La vida de ellos tiene mal gusto, hay que vivirla con los dientes apretados, pensando en otra cosa, entreteniéndose con otras cosas, porque de lo contrario es insoportable.


-Tienes que vivir como ellos.


-Lo haré. Pero su vida gotea como una canilla rota, da ganas de llorar, como cuando se contempla un reloj viejo y enorme en una sala desierta. Los minutos se suceden como el llanto de un gato. Si es preciso vivir como ellos viviré, pero siento que renuncio a todo.


-Lo que llamas todo es tu espera vacía, tu nada. Ellos tienen poco, pero tienen algo. Tú también debes entrar en la vida de ellos y tratar de conseguir también tú un poco de algo, algo de algo.


-Lo haré. Pero sólo con la voluntad. Nunca con mis deseos.













jueves, 13 de agosto de 2015

True love lives





Yo, asistiendo a mi nacimiento. Yo, a mi muerte. Y yo caminaría por todos los desiertos de este mundo y aún muerta te seguiría buscando, a ti, que fuiste el lugar del amor. (Pizarnik)

lunes, 8 de junio de 2015

La violencia de las horas, Cesar Vallejo


Todos han muerto.

Murió doña Antonia, la ronca,
que hacía pan barato en el burgo.

Murió el cura Santiago,a quien placía le saludas en
los jóvenes y las mozas,
respondiéndoles a todos,indistintamente:
"¡Buenos días, José! ¡Buenos días, María!"

Murió aquella joven rubia,
Carlota, dejando un hijito de meses,
que luego también murió,
a los ocho días de la madre.

Murió mi tía Albina,
que solía cantar tiempos
y modos de heredad,
en tanto cosía en los corredores,
para Isidora, la criada de oficio,
la honrosísima mujer.

Murió un viejo tuerto,
su nombre no recuerdo,
pero dormía al sol de la mañana,
sentado ante la puerta
del hojalatero de la esquina.

Murió Rayo,
el perro de mi altura,
herido de un balazo
de no se sabe quién.

Murió Lucas,
mi cuñado en la paz de las cinturas,
de quien me acuerdo cuando llueve
y no hay nadie en mi experiencia.

Murió en mi revólver mi madre,
en mi puño mi hermana
y mi hermano en mi víscera sangrienta,
los tres ligados por un género
triste de tristeza,en el mes de agosto
de años sucesivos.

Murió el músico Méndez,
alto y muy borracho,
que solfeaba en su
clarinete tocatas melancólicas,
a cuyo articulado se dormían
las gallinas de mi barrio,
mucho antes de que el sol se fuese.

Murió mi eternidad y estoy velándola.

lunes, 12 de enero de 2015

"La boca no la va a abrir. Si no la abría antes, ahora no la va a abrir, para qué."



Palabras que se atoran y son mucho más que eso. Un cajón es lo concreto. El cajón para la cremación es más barato que el otro. No sé por qué, no me acuerdo bien. Seguro que Traum me lo dijo. Creo que no tiene adentro un subcajón de chapa soldada para evitar que el cuerpo se pudra. El cuerpo se pudre igual pero tarda más, y que tarde más, no sé por qué pero estoy seguro que Traum me lo dijo, es casi lo mismo pero es mejor. Mire que me voy a andar fijando en chiquitas. Uno tiene que gastarlo todo en un velorio-entierrocremación-putrefacción. Uno tiene que enterrarse con el muerto, si no, es un mal hijo; si no, es un hijo de puta que deja que el muerto se entierre solo. No es mi caso, señor Traum, tampoco el de mi padre, en esta época de la vida la plata me sobra. Gasto toda la que quiero por día y no se acaba. Ya sé, el futuro, ya sé, ya voy a ver. Pero hace rato que no veo nada. Como nunca me diste un consejo, yo no puedo hacer nada más que lo que se me ocurre. Gastar, por las dudas, por si no hay ningún futuro para mí. —Estabas loco, papá —le digo al cajón. Y ya no lo miro, ni le hablo, ni lo pienso. Podríamos estar velando su saco y para mí sería lo mismo. Le pedí a Traum que no lo pegaran con la gotita ni lo cosieran.


La boca no la va a abrir. Si no la abría antes, ahora no la va a abrir, para qué. A menos que se le ocurra un Gancia, como lo van a cremar capaz que tiene miedo de que se le seque la boca en el infierno. Pero ya lo pensé, no voy a dejarte en banda, viejo compañero, con eso no se juega. Tengo la solución en la mano. Recién ahora me doy cuenta de que todo este tiempo tuve la petaca en la mano, y que todo el mundo me tuvo que haber visto. Pero estas cosas me están permitidas a mí, porque tuve la precaución de ganar bastante dinero. El suficiente como para despegar del barrio, como para pagar esta fiesta, como para terminar por olvidarme quién carajo soy y de dónde mierda vengo. Eso, mierda, de la mierda vengo, del fango más fango mezclado con la mierda más mierda. Me paso la mano por la cara. Me voy a ir, ya me voy a ir o la náusea va a volver y acá no hay ducha. Aunque capaz que hasta eso hay. Corro la mortaja y le meto la petaca a un costado. Me sostengo del cajón. Respiro. Estoy bien. Estoy bien. Repito en voz baja.

Fragmento La Ley de la Ferocidad, Pablo Ramos 

sábado, 10 de enero de 2015

La Ejecutada


Hola
2015
Me llamo Camila. Como la O'Gormann.
Camila La Ejecutada. 
Espero tus estaciones no se ensañen conmigo, otra vez.